15 de junio de 1993
El compositor francés presenta su último disco y anuncia su gira por España
"Siempre me ha encantado la idea de actuar en España porque me gusta
la idea de una comunidad latina y mediterránea, para defendernos del
dominio anglosajón", afirma el músico francés Jean-Michel Jarre, que
durante su estancia en Madrid ha anunciado sus conciertos en Madrid,
Barcelona y Santiago de Compostela a finales de septiembre, mientras
habla de su último disco, Chronologie. "Cada ciudad tendrá su concierto
exclusivo, con una escenografía especial", dice el músico, preocupado
por el componente visual de su obra y por la implicación de cada
comunidad local en sus espectáculos.
Hijo del compositor Maurice Jarre y esposo de la actriz Charlotte
Rampling, la biografía de Jean-Michel Jarre está marcada por las grandes
cifras. En 1976, su disco Oxygène batió récords de venta
millonarios en Francia y Estados Unidos. Tres años más tarde, un millón
de personas presenció su célebre concierto de la plaza de la Concordia,
en París.En 1981, sus actuaciones en Pekín y Shanghai le convirtieron en
el primer músico occidental que actuó en la China post-Mao. En 1983,
subastó el único ejemplar de su Music for supermarkets. En
1986, un millón y medio de personas asistió en Houston al concierto que
conmemoraba el 150º aniversario de la fundación de esta ciudad y, las
bodas de plata de la NASA.
Pocos meses después, en Lyón, la ciudad donde nació el 24 de agosto
de 1948, otro recital mastodóntico con motivo de la visita del papa Juan
Pablo II. Todo muy lejos de aquellos comienzos como estudiante de
contrapunto, fuga y armonía en el conservatorio de París y de sus
pinitos en el mundo de la música electroacústica con su primer disco, The cage (1969). Hoy, la música de Jean-Michel Jarre busca imágenes y multitudes.
"Siempre he considerado la música como pintura con sonidos", dice
Jarre, que se encuentra en Madrid para hablar de su último disco, Chronologie, y de sus tres actuaciones en España el próximo otoño.
"Trabajo con sintetizadores porque son los primeros instrumentos que
permiten mezclar sonidos, como la paleta del pintor, y busco un formato
diferente al concepto clásico del rock, cuyo aspecto visual apenas ha
variado desde Elvis Presley a Michael Jackson. Mi idea es integrar la
música con las demás artes, con la arquitectura, con el ambiente",
declara.
Para su próxima gira de conciertos en Europa, Jean-Michel Jarre ha
creado una escenografía de 150 metros de largo por 24 de alto, de 2.500
millones de pesetas de presupuesto una especie de ciudad dentro e la
ciudad, diseñada especialmente para cada lugar, con láser, rayos
enfocados al cielo con un alcance de 5.000 metros y diapositivas en
igual número. ¿Y la música?
Música e imagen
"El que en un concierto se utilice la imagen no tiene por qué
disminuir el impacto de la música", dice Jarre. "Los finales de siglo
siempre están marcados por lo espectacular, como en el XIX, con los
grandes montajes operísticos. No creo que la música necesite imágenes,
simplemente trabajo en un concepto global".Y el compositor habla de su
relación con el movimiento rave -"organizaban fiestas dispares con concepto músico-visual diferente. Han llegado a llamarme el padrino del rave",
dice-, mientras continúa defendiendo sus tesis con respecto a su forma
de presentarse ante el público: "Me gusta crear un ambiente que permita
disfrutar con todos los sentidos y no centrarlo en un solo punto. En los
recitales de rock, ves a tu cantante favorito del tamaño de una
hormiga. Hay que tener respeto a esas audiencias que van a un
espectáculo, que quieren vivir una experiencia única, como una tarde de
circo o un solo de Jimi Hendrix. Pretendo que cada audiencia tenga un
espectáculo original e irrepetible, que se pueda compartir".
Jean-Michel Jarre parece empeñado en dejar claro que su montaje no es
Hollywood, que su equipo es familiar y sentimental, que trabaja
pensando en la calle, que no es un artista rodeado de tecnología, que
prefiere una forma latina y mediterránea de comunicar, que también toca
en pequeños clubes, que... "Que no es lo grande por lo grande", termina.
"Normalmente, un artista es un ir y venir entre su meta y su
identidad. Lo único que intento es dar más a la gente a través de la
música, que es creación de ilusiones, y de los sintetizadores, que
tienen el mayor poder de evocación".
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